Historias

La iglesia trae orgullo a la comunidad

Luego de asistir a la capacitación del Módulo 1 del programa TCT, 60 personas de una iglesia decidieron construir un camino. En 12 días de arduo trabajo y utilizando herramientas de mano ellos completaron un camino de 12-13 kms. de largo y 1.5 m de ancho.

Los funcionarios del gobierno local estuvieron muy sorprendidos porque muchas veces ellos habían llamado a la gente a trabajar en una carretera pero nadie había respondido. ¿Por qué de pronto la iglesia de forma voluntaria hizo el trabajo? Los funcionarios pensaron que alguna organización externa había pagado por proyecto sin autorización. Cuestionaron a la iglesia, pero la iglesia respondió: “Nadie nos dio dinero. Hemos hecho todo esto porque aprendimos en el TCT y queríamos obedecer la Palabra de Dios.” Entonces los funcionarios tuvieron un cambio de opinión y querían apoyar a la iglesia por su buen trabajo. Prometieron presentar el trabajo a funcionarios de más alto nivel y solicitarles que envíen una buldócer / excavadora para ampliar la carretera. Los maestros, los soldados de frontera y los funcionarios del distrito de dicha zona se beneficiaron de este proyecto, por lo que todos ellos de pronto se convirtieron en un gran apoyo para la iglesia.

Cuando el facilitador local del TCT visitó esta comunidad, los maestros de la escuela pensaron que él venía de una comunidad distinta, entonces le preguntaron qué pensaba de esta comunidad, y si se había dado cuenta de alguna cosa especial aquí. Cuando el facilitador local respondió que no veía nada especial, los maestros muy orgullosamente respondieron, “Tiene un buen camino. ¿Su comunidad tiene un camino tan lindo como este?” Incluso se jactaron que fue la iglesia que hizo todo el trabajo en 12 largos días. Todo este tiempo los maestros no se habían percatado que estaban hablando con el entrenador que había iniciado el trabajo allí. Solo cuando la gente de la iglesia vino y saludó al facilitador local, los profesores se dieron cuenta que se conocían entre ellos. Le preguntaron al facilitador local si era el director de la iglesia, pero él respondió “Todos somos hermanos y hermanas en Cristo. Vine acá para enseñarles la Biblia. No soy el director.” Al ver que Dios había utilizado la carretera para ablandar los corazones, entonces el facilitador local compartió el Evangelio con los maestros.